EDITORIAL: ¿En dónde andaban los entrenadores?

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2019
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Fachada del Hotel Avenida en Cancún...

EDITORIAL: ¿En dónde andaban los entrenadores?

Esa es la pregunta, he ahí el meollo del delicado, muy delicado, infinitamente delicado suceso en el que se vieron afectadas –afortunadamente sin consecuencias- tres jovencitas sonorenses que habían llegado el pasado miércoles por la tarde a Cancún, Quintana Roo.

Ellas como parte de la avanzada de nadadores que conforman la Delegación de atletas que apenas el pasado lunes fueron "abanderados" por la mandataria estatal para representar a Sonora en la Olimpiada Nacional 2019.

El afamado destino turístico que en los últimos tiempos ha visto vulnerada su imagen como tal a consecuencia de los altos niveles de inseguridad que se viven en este punto del país, alberga a partir de este viernes 3 de mayo las competencias de natación, tiro con arco, boxeo, patines, tenis de piso y tenis de mesa, esperándose la participación de aproximadamente 5 mil deportistas en esta sede.

Si bien es cierto que la situación no pasó a mayores o no tuvo peores desenlaces –Dios guarde la hora-, no se puede soslayar que la levedad con que se ha abordado el espinoso tema por parte de las autoridades deportivas del Estado de Sonora, da motivo y obliga a la reflexión.

Repetimos, lo acontecido a las jóvenes nadadoras de entre 13 y 14 años de edad, fue una cosa muy seria que tiene que verse al crisol de las realidades y riesgos que pueden rodear a los jóvenes deportistas que salen a representar a su estado y que en primera instancia lo hacen llenos de orgullo, con el respaldo de sus familias y siempre buscando alcanzar sus sueños como atletas.

He de ahí  que el factor de responsabilidad de quienes van al frente de una delegación se eleva considerablemente, so pena de que en caso de presentarse –como fue el caso- una situación fuera de contexto o protocolo establecido siempre va a implicar que alguien salga o resulte responsable.

Por eso se asienta que más que "reprobar y lamentar" el hecho negativo de Cancún, las autoridades responsables del deporte deben actuar "con mano dura" y no tratar de apostarle al olvido. Es decir, pretender que "x" "y" o "z" evento que van en contra de la imagen institucional  se esfume con prontitud de la mente del colectivo.

Sabido es que año tras año son diversas las quejas o reportes que se acumulan con motivo del comportamiento e irresponsabilidad que suelen aparecer en este tipo de certámenes por parte de quienes se supone son los encargados de llevar y estar al frente de las distintas disciplinas y en ese sentido el factor "seguridad" para los atletas juega un rol importante.

El hecho de que estas tres niñas hayan sido privadas de su libertad, conminadas a salir -cuando ya eran horas de medianoche del miércoles- de su habitación del Hotel Avenida –por lo que se ve, no de muy buenas estrellas que digamos- por dos tipos que antes tuvieron tiempo de entrar con llave en mano a una habitación que se supone era la de los entrenadores y luego salir vestidos con los colores de Sonora para inmediatamente dirigirse a la habitación de las niñas que estaba a la vuelta –no enfrente de la de los entrenadores (sic)- y las abordan con el pretexto burdo de que "iban a ser cambiadas de hotel por parte del comité organizador", accediendo ellas en su inocencia a salir y luego aparecer por el pasillo acompañadas por los "secuestradores" que las conducen a la salida y posteriormente –de acuerdo a los reportes policiacos- abordar el taxi mencionado.

En poder de Triunfo Deportivo obra un video de la cámara del hotel, en donde claramente se puede ver como dos sujetos llegan misteriosamente por el pasillo, uno hablando por celular y otro sacando la llave con la que abre un cuarto, de donde después se observa que sale vestido con prenda deportiva  de Sonora y ambos se dirigen y se pierden de la imagen al dar vuelta al final del pasillo, para luego volver aparecer de nuevo, pero ahora acompañados por las tres jovencitas que a cuadro denotaban cierto grado de nerviosismo al voltear a ver a los dos tipos.

Era casi ya la medianoche del miércoles para amanecer jueves -y haya sido como haya sido-, de acuerdo con la notas de la prensa de Cancún de este viernes, la salida de las tres niñas acompañadas por los dos "secuestradores" provocó inquietud en el recepcionista del hotel, quien al ir a asomarse se percató de que las puertas de las habitaciones estaban abiertas, por lo que optó por marcar al 911, acudiendo la policía a levantar el reporte y por ende iniciar el operativo de búsqueda.

La desaparición de las jóvenes atletas sonorenses por espacio de horas es un caso que debe alertar a todas las autoridades deportivas del país, especialmente por su trascendencia en tiempos en que el factor inseguridad cobra altos vuelos.

Eso de salir con que es la primera vez que pasa y que afortunadamente las deportistas están bien, que ya están de regreso en casa, que se está al pendiente de ellas y sus familias, no exime de ninguna manera la imperiosa necesidad de aplicar lo que señala el Reglamento en la materia, en lo que a todas luces es una omisión y falta de responsabilidad que salta a la vista a querer y no.

El hecho de que los autores del fallido "secuestro" hayan sido detenidos junto con el taxista –se menciona que hasta el guardia de seguridad del hotel fue detenido-, no quita por ningún motivo la preocupación que deben haber vivido las jóvenes nadadoras y sus familias, mismas que en un momento dado confiaron en que sus hijas iban a estar seguras en tierras lejanas.

Al final de cuentas y de acuerdo a los datos recabados con fuentes directamente enteradas de la situación, las tres jovencitas "corrieron con suerte" y lograron salvarse de sus captores cuando estos y el taxista ya enfilaban para Playa del Carmen.

Y hay que dejar constancia de que esto fundamentalmente fue gracias a que el instinto de supervivencia les generó a las tres niñas la adrenalina suficiente como para bajarse del taxi en el momento preciso que este se detenía y ellas se percataban que la unidad hacia alto debido a la presencia de un "reten" policiaco, corriendo ellas en dirección a las patrullas, gritando y pidiendo ayuda.

Una de la tres en su carrera tropezó pero de inmediato se levantó sin reparar en que uno de su dedos meñiques sufrió las consecuencias de la caída.

Bien, que bien, que a las niñas nadadoras no les paso absolutamente nada y que el susto que ellas pasaron tendrá que irse viendo como una situación que no puede ni debe volver a presentarse en ninguna parte del país.

El protocolo implica dar seguimiento a muchos aspectos, esencialmente que tienen que ver con la responsabilidad que se tiene respecto a la seguridad al máximo de los atletas.

Seguramente la autoridad deportiva del estado tendrá que actuar con mano dura, no se puede dejar de actuar en consecuencia.

Porque al final de cuentas, la única duda que sigue en el aire es la que tiene que ver con la interrogante que da paso al título de este editorial:

¿En dónde andaban los entrenadores?...

Cosas veredes…

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